Algunos llaman a Casa Rosaura un guachinche auténtico, otros lo describen como un bodegón, y hay quien simplemente lo conoce como el bar de Joaquín. Pero la verdad es que se trata de un pequeño negocio familiar, con unas pocas mesas dentro y fuera, que lleva alimentando a los locales desde hace muchos años.
No es un sitio turístico, ni pretende serlo. Aquí se viene a comer comida canaria casera, abundante, sabrosa y a muy buen precio. Los camareros te preguntan si quieres media o ración entera, y la carta — escrita en una pizarra — cambia según el día: carne fiesta, conejo en salmorejo, fabada, camarones, ensaladilla, chocos, pescado salado, pulpo guisado o a la vinagreta… Todo preparado de manera sencilla, como en casa.
El ambiente es totalmente local: se comparte mesa con desconocidos, los obreros del barrio almuerzan junto a los vecinos, y el vino del país corre sin parar. Los precios son sorprendentemente bajos (aunque no se anuncian ni se entrega factura formal), y las porciones generosas.

Eso sí, el lugar no deja indiferente. Es pequeño, algo claustrofóbico para algunos, y su decoración — con referencias a la época franquista — resulta polémica. Hay quienes lo consideran inaceptable, y otros que lo ven como una curiosidad de otra época. Sea como sea, los habituales vienen por lo importante: la comida, el vino y el ambiente de siempre.
Casa Rosaura no es para todos los gustos. Algunos la encuentran descuidada o incómoda, otros la consideran una joya escondida. Pero si quieres vivir la experiencia real de un guachinche canario, comer bien, beber vino local y mezclarte con la gente del lugar, este rincón de Tacoronte merece una parada.
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